Saturday, May 26, 2012

Carlos Cruz Diez vibra con el cinetismo

Carlos Cruz Diez vibra con el cinetismo

Abel Ibarra

 “…raudas moscas divertidas, perseguidas, perseguidas, por amor de lo que vuela”, dice Antonio Machado cuando exime al denostado insecto de su origen de podredumbre y lo eleva a la categoría de imagen, símbolo y representación del movimiento. Si algo es inherente a todo lo que sobre la tierra habita es justamente su carácter cambiante, trátese éste del hombre que anda en busca de sí mismo (y allí el movimiento es sólo un soplo de lo intangible), de los peces que migraron hacia su alma de reptiles hasta que, según Darwin y su “Origen de las Especies”, terminaron enseñoreándose de los cielos. O, de lo que se sitúa en el rincón más íntimo de la naturaleza, cuando se trata del temblor de una piedra cuando está a punto de nacer.
Pero al hablar de cinetismo se trata del vértigo del movimiento llevado hasta sus últimas consecuencias y fue el venezolano Jesús Soto quien le puso nombre a ese movimiento plástico, siguiéndole la pista al proceso de descomposición de la figura humana que había comenzado con Edouard Manet. Manet bajó al hombre de las estatuas donde lo había colocado el Renacimiento y lo puso a caminar con la libertad que da la luz natural para que aprendiera a encararse consigo mismo en el Siglo XIX, hundido en más dudas que certezas y, por tanto, atrapado en la borrosa visión de un ser humano que no sabe a dónde va. En ese mismo sendero de difuminación vendrían Cézzane, Monet, Renoir y Degas, con su impresionismo devastador, a poner en tela de juicio todo cuanto en el ojo cabe.
Y si se trataba de cuestionar lo que se mira, Soto le quitó a la realidad los alfileres de la razón y la dejó desnuda en su esqueleto de líneas y colores que, de tanto alternarse con aleatorio desparpajo sobre la tela, terminaron transfigurándose unas en otros para formar un conjunto donde lo importante es la fricción que causan ante la mirada del espectador. Y, para continuar con ese desafío exultante, Carlos Cruz Diez inventó una nueva dimensión de esta aventura pictórica con sus “Fisicromías”, nombre transgresor que atiende a una “metamorfosis del color en el espacio y en el tiempo”, según explica su autor.

Con Cruz Diez ocurre un choque emocional para todo el que sale del aeropuerto de Maiquetía, en Caracas, cuyos pisos están tapizados por esas fisicromías que ponen a dudar al ojo del viajero, colocándolo desde el momento en que pisa sus colores vibrantes en la conciencia de que no pertenece a ningún lugar. Y ya en Miami, luego de agotar el síndrome de bazar turístico, si el visitante se aventura a fatigar los espacios del estadio de los Marlins, pisará nuevamente sobre las caminerías diseñadas por Carlos Cruz Diez, para darle carácter artístico a ese recinto donde los batazos se transmutan en jonrones, en el momento en que saltan la barrera de las gradas “por amor de lo que vuela”.

 

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